Firma

F I R M A
Signare

Indoeuropeo dher / sujetar, firme sekw / seguir
Latín Firmus / mantener Signum / signo, marca que uno sigue.

Aunque sus raíces son indoeuropeas, la etimología como tal, proviene del latín; firmare, que significa afirmar u otorgar firmeza o dar fuerza. La raíz latina ya contenía la idea fundamental de “otorgar validez”, autenticidad, que hoy, es la función principal de una firma. Pero más allá de lo legal la firma proviene del latín firmare, porque en textos preclásicos significaba afianzar, consolidar, fortalecer una estructura espiritual. Ya que el término es derivado de firmus, no sólo en la parte física, sino metafísica.

De lo anterior, una etimología que hay que destacar es la del Maestro Isidoro de Sevilla, en sus Etimologías, Libro X, de Vocabulis, y cito: Firma est consensio animi signata manu; “Firmar es la manifestación del alma asentada por la mano.”

Por lo tanto, FIRMAR, en sus orígenes no era solo escribir un nombre, sino una forma de expresar los compromisos que quería obtener el Alma, dejando del lado al Yo inferior a través de trazar la firma como sustituto de la palabra empeñada, porque se trataba de dar continuidad a los compromisos ineludibles que se adquieren cuando el Alma encuentra el camino para cumplir su propósito.

Y mucho tiempo atrás, antes de la firma, la palabra empeñada era lo que bastaba. Si nos vamos al mundo arcaico, refiriéndonos al sumerio, hebreo, egipcio y griego, el acto de hablar con una impecable retórica y la solemnidad requerida conforme a lo que se vislumbraba como acuerdos, es lo que equivalía a firmar con la lengua. El Verbo era Ley, porque estaba investido de sacralidad. En los Templos Egipcios, por ejemplo, el medu netjer o Palabra Divina, tenía más peso que los sellos reales. Y para los que han prestado atención en Poimandres se nos recuerda que; “lo dicho con el corazón alineado es más firme que el bronce grabado.”

Así es que lo anterior se sostiene en los sistemas de iniciación masónica primitivos: en las Logias Operativas, los juramentos se hacían de pie, con la cabeza descubierta y trazando visualmente un compás en el cielo, así, sin firma alguna. Ya que la palabra del iniciado era su misma vida.

Luego entonces, ¿Por qué se empezó a requerir la firma? Pues de una manera progresiva es que perdía valor interno la palabra, desde una visión económica el materialismo se va haciendo presente en el mundo también paulatinamente, y por ende; la propiedad privada se va multiplicando, esto da pie a la necesidad de los pactos y la división del hombre consigo mismo, lo que terminó en realmente a elegir sustituir la intención del Alma por un documento, si bien no a dejarlo grabado en piedra, si trazado en tinta. Los masones sabemos bien lo esto significa, sabemos que nuestros Juramentos son sagrados y que ningún papel nos lo va a reclamar, Jean Tourniac, a este respecto escribió; “donde se pierde la fuerza del juramento, nace el contrato. Donde se vacía el símbolo, nace el formulario.” En fin, cada uno su Juez.

Continuando con el tema, se ha dejado de vivir conforme a Ley del Espíritu, y lo sabemos porque la firma se convirtió en la mínima huella visible de lo que antes era una Palabra Sagrada. En días anteriores, en esta misma sección del Dato Intelectual, hemos plasmado la causalidad de que los textos más antiguos usaran signos de consagración en lugar de nombres: entiéndase sellos, sigilos, cruces, puntos, iniciales, todos con valor mágico y jurídico al mismo tiempo. Un dato interesantísimo es que, en las logias del Rito Escocés Primitivo, el Compagno no firmaba, sino que grababa una marca, que era realmente geometría pura.

Así es que el sentido masónico de la firma no es simplemente escribir un nombre, sino que es aceptar que uno es el padre y el bautizado, que uno es autor y testigo de su propia obra, y que toda acción trazada con la pluma se visibiliza en la columna invisible del Templo Interno. Por eso, firmar nuestros trazados no es un acto administrativo, sino una consagración del pensamiento, o sea, es el mismo pensamiento del hombre o mujer en sí mismo.

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