A U T O R I D A D
Latín auctoritas
Del latín auctoritas, es que tenemos la palabra autoridad, su raíz: auctor nos refiere al que hace crecer o el que origina, y el origen de auctor, viene del verbo augere que significa hacer crecer, aumentar, fecundar o inspirar.
De lo anterior es que, en el mundo romano, auctoritas no señala solo al poder político o al mando coercitivo, sino que indicaba una calidad moral, espiritual o intelectual, y que sólo podía obtenerse ganándosela, o sea, a través de la Virtud, la Sabiduría o la experiencia.
Demostrando lo antes escrito que era el prestigio o reputación lo que hacía que otros escucharan y siguieran al que tenía la calidad moral, y por ende la espiritual e intelectual, y se entendía perfectamente que no por obligación, sino por reconocimiento.
Como ejemplo de lo anterior, en el Senado romano, los senadores no tenían potestas o poder ejecutivo, sino auctoritas, o más bien, tenían el peso moral que influía en la toma de decisiones.
Así es que el Augere está emparentado con el oficio del augur, o sea el sacerdote que interpreta los signos celestes. Así, el auctor también interpreta los signos del destino y muestra La Enseñanza a que otros inicien el camino. Concretando, el auctor no solo inicia, sino que nutre con la Enseñanza, legitima y sostiene.
Un dato adicional en el sentido oculto es que, la autoridad es la fuerza generadora que fecunda y que permite que algo cobre forma legítima y se eleve.
Y sin duda, en el contexto masónico el concepto de Autoridad nos refiere al Maestro que no impone, sino que Instruye. Aquel que, por Virtud y Sabiduría y obra Interna, tiene la calidad moral de dar la Docencia Masónica, apoyando con la Instrucción del Grado a pulir el carácter para que los aprendices tengan un pensamiento crítico a través de consolidar su propio juicio, así es qué, fecundar las mentes de los aprendices y legitima su sola presencia el Trabajo del Taller. Determinando que su auctoritas no reside en la Veneratura, sino en el carácter y en el fuego que ha encendido en Sí Mismo.
Concluyendo, lo anterior disuelve la falsa idea profana de que Autoridad es mando y dominación. El Iniciado sabe que, quien ejerce la Autoridad sin Luz, se vuelve un tirano.
Por tanto, en la Logia, la Autoridad comienza por gobernarse a uno mismo, y por el bien general entendamos que no es sumisión ni rebeldía, sino: autogestión de la Llama Interna.
Así sabremos que el Hermano con Autoridad es aquel que ha conquistado su propio caos, que se ha sostenido en silencio porque no se jacta de nada, y sobre todo que no rehúye a la ruptura de un falso orden.
Cerremos con una máxima hermética:
“Para ser autoridad, hay que primero ser hereje.”
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