Verbo Iniciático | 12 de Marzo de 2026

El Reino Antiguo

El primero de estos periodos es el llamado Periodo Arcaico o Dinástico Temprano (3000-2686 a. C.); el tiempo de las dinastías I y II, que tenían su capital en la ciudad de Tinis, según el historiador y sacerdote egipcio Manetón, que vivió en el siglo III a. C. Por esta razón se conoce también como Periodo Tinita. Pero no hay vestigios arqueológicos que indiquen que haya sido así; sí los hay, en cambio, que señalan que la capital estaba realmente en Menfis. Con el fin de este periodo comienza el tiempo del llamado Reino Antiguo (2686-2125 a. C.), cinco siglos que comprenden el reinado de las dinastías III a la VI, asentadas aún en la ciudad de Menfis.

MAGIA EN EL ANTIGUO EGIPTO

Hasta entonces los reyes y principales eran enterrados en mastabas, edificaciones en forma de pirámide truncada muy cerca de su base que se construyen de ladrillo o piedra. Pero durante el reinado de Dyeser, de la III dinastía, su primer ministro, el sabio Imhotep, ideó una primera pirámide, la pirámide escalonada de Saqqara, en forma de una colección de mastabas construidas una encima de otra a modo de escalera monumental para que el espíritu del rey pudiera ascender al cielo. La costumbre de construir pirámides para albergar el cuerpo del faraón cuando muera sigue en la cuarta dinastía con Esnefru, Keops (Jufu), Kefrén (Jafra) y Mikerinos (Menkaura). Los nobles y las personas cercanas al rey son enterradas en mastabas cerca del monarca para favorecerse de su poder y su influjo.

Con los primeros reyes de la dinastía, el culto a Ra adquiere mayor importancia, y después fue el de Osiris el que empezó a destacar a su vez. Aparecen además los llamados Textos de las Pirámides, que se inscriben en los muros de las tumbas y que componen un conjunto de himnos, relatos míticos y encantamientos destinados a facilitar el acceso del difunto al Más Allá.

Con la quinta dinastía ocurre un hecho que será relevante y al final marcará el declive y el colapso del Imperio Antiguo. Por un lado, el clero de Ra empieza a ganar poder económico y político, gracias a las muchas concesiones, exenciones de impuestos y propiedades que les cede la casa real. Los enterramientos son cada vez más suntuosos, con ajuares y gastos exacerbados. Además, el culto a los muertos y el de los templos exigían continuas y cuantiosas ofrendas y una gran cantidad de recursos que colapsaron la economía del país. La población empezó a padecer hambre, agravada por una sequía que además atrajo a muchas gentes procedentes de Oriente hacia el delta del Nilo.

Por otro lado, los nomarcas, los nobles que gobiernan los nomos o provincias del reino, empiezan también a ganar poder político en sus propios territorios. Hasta aquel momento el nomarca era designado por el rey, pero muchos de ellos convierten la institución en hereditaria. La monarquía como institución acabó debilitándose. Con uno de los faraones de la sexta dinastía, Pepi II, la situación se agravará hasta el punto de que los nomarcas acaban actuando como reyes y jefes de Estado de sus propios estados y Egipto vivirá tiempos de desorden, incertidumbre, violencia, fragmentación y un caos social sin precedentes.

Imagen generada con IA

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