Verbo Iniciático | 13 de Marzo de 2026

El Kebra Negast fue originalmente escrito para legitimar la dinastía de los salomónidas después del período de control del poder por parte de los zagwe. Pero desde Yekuno Amlak (1268-1283) a Zara Yacob (1436-1468) tiene lugar una época de progresiva implantación del régimen feudal y del cristianismo ortodoxo. Esto será importante porque acabará provocando que la leyenda de la Reina de Saba actúe como elemento aglutinador del sentimiento identitario etíope. Así, la amenaza del Islam acechante desde el mar de Eritrea (entre 1527-1543 tiene lugar la invasión de Etiopía por parte del imán Ahmad ibn Ibrahim al-Gazi), la decisiva ayuda de los portugueses para derrotar a los musulmanes y el consiguiente interés de los misioneros por llevar a los cristianos ortodoxos etíopes hacia el catolicismo de Roma⁴⁶, provocó un repliegue de Etiopía sobre sí misma, caracterizado por una fuerte resistencia hacia toda aportación cultural exterior con el fin de preservar una singularidad que se justificaba en la leyenda de la Reina de Saba.

Otro factor que impulsó a los cristianos etíopes a luchar por su identidad fue el paganismo representado por las tribus oromo y galla del sur del país. Efectivamente, su influencia fue creciendo paulatinamente pero sin pausa desde 1540, cuando ocupan la región de Choa (donde se encuentra Addis Abeba), hasta que en el siglo XVIII ya son predominantes en la región de Gondar (donde el emperador Fasilidas funda una nueva capital al norte del lago Tana). La victoria sobre los amhara hizo que los oromo y los galla controlaran el poder hasta que el ras Kassa se coronó negus con el nombre de Tewodros II (1855-1868), tal vez la primera figura nacionalista etíope moderna, iniciase una época de renovación centrada en la cohesión de la unidad interna (que pasa por el traslado de la capital a Magdala) y en la apertura al exterior con el objetivo de introducir las nuevas tecnologías necesarias para modernizar el país. Los conflictos posteriores con el sultanato de Egipto y con las sucesivas revueltas internas de los oromo acaban con la coronación de Menelik II como emperador en 1889. Es el inicio de Etiopía como Estado moderno, con Addis Abeba como nueva capital.

FRANCESC-XAVIER MARÍN

LA REYNA DE SABA:
LEYENDA Y NACIONALISMO ETÍOPE

Imagen generada con IA

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