Los físicos creen que un asombroso 27 por ciento de la materia y la energía en el universo conocido está hecho de algo llamado «materia oscura». Esto quiere decir que la mayor parte de la materia que hay en el universo no es del tipo que llevamos siglos estudiando. Hay cinco veces más de esta materia misteriosa que de la materia normal a la que estamos acostumbrados. De hecho, no es justo llamar «normal» a nuestra materia si en realidad es más bien escasa en el universo. Entonces, ¿qué es esta materia oscura? ¿Es peligrosa? ¿Mancha la ropa? ¿Cómo sabemos que existe?
La materia oscura está en todos lados. Es más, probablemente estás nadando en ella ahora mismo. Su existencia se propuso en la década de 1920, y la tomaron en serio por primera vez en la de 1960, cuando los astrónomos notaron que había algo extraño en la forma en la que giran las galaxias y en lo que esto implicaba para la cantidad de masa que contienen.
Cómo sabemos que existe la materia oscura
1. Galaxias giratorias
Para entender la relación entre la materia oscura y las galaxias que giran, imagínate un montón de pelotas de ping-pong en un tiovivo. Ahora ponlo a dar vueltas. Seguramente piensas que todas las pelotas de ping-pong saldrán disparadas del carrusel. Una galaxia que gira funciona casi igual. Puesto que la galaxia gira, las estrellas que la forman tienden a salir disparadas. Lo único que las mantiene unidas es la fuerza de gravedad de toda la masa presente en la galaxia —la gravedad atrae las cosas con masa—. Cuanto más rápido giran las galaxias, más masa necesitas para mantener en su interior todas las estrellas. A la inversa, si conoces la masa de la galaxia puedes predecir cuán rápido puede girar.
Al principio, los astrónomos trataron de calcular la masa de las galaxias contando cuántas estrellas había en ellas. Pero cuando usaron esta cantidad para calcular qué tan rápido debían estar girando, algo no cuadraba. Las mediciones mostraban que las galaxias giraban más rápido de lo que podía predecirse mediante la cantidad de estrellas que contenían. En otras palabras, las estrellas tendrían que estar saliendo disparadas de las orillas de las galaxias, igual que las pelotas de ping-pong en el tiovivo. Para poder explicar la gran velocidad de rotación, en sus cálculos los astrónomos tenían que añadir a las galaxias una enorme cantidad de masa para que las estrellas se mantuvieran juntas. Pero no podían ver dónde estaba esta masa. Esta contradicción se resolvía al suponer que había una inmensa cantidad de cosas pesadas que eran invisibles, u «oscuras», en cada galaxia.
Era una afirmación bastante extraordinaria. Y como dijo una vez el gran astrónomo Carl Sagan: «Las afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias». Así que durante décadas la comunidad astronómica convivió con este extraño acertijo sin entenderlo. Conforme pasaron los años la existencia de estas misteriosas cosas pesadas —o materia oscura, como terminó por conocerse— fue aceptándose cada vez más.
𝙅𝙊𝙍𝙂𝙀 𝘾𝙃𝘼𝙈 𝙔 𝘿𝘼𝙉𝙄𝙀𝙇 𝙒𝙃𝙄𝙏𝙀𝙎𝙊𝙉
𝘕𝘰 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘕𝘐 𝘐𝘋𝘌𝘈
]𝘜𝘯𝘢 𝘨𝘶𝘪́𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘜𝘕𝘐𝘝𝘌𝘙𝘚𝘖 𝘋𝘌𝘚𝘊𝘖𝘕𝘖𝘊𝘐𝘋𝘖
𝐼𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑔𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎𝑑𝑎 𝑐𝑜𝑛 𝐼𝐴

