𝗘𝗹 𝘀𝗶𝗴𝗻𝗼 𝗲𝗻 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗹
Tomás de Aquino capta la naturaleza vicaria del signo, su función de remitir a algo diferente. Eso lo lleva a definir el signo así: “El signo es aquello por lo que alguien llega al conocimiento de otra cosa”. (Nótese el parecido de esta definición del signo dada por Tomás con una de las que da Charles Sanders Peirce.) Por eso habla de “los signos, que conducen al conocimiento de las cosas”. El signo es algo que envía a otra cosa, que no deja que el conocimiento se detenga en él. De ahí que propiamente la definición del signo, para Santo Tomás, es (al igual que para Peirce) una relación entre tres cosas: el signo, el significado y la facultad cognoscitiva. Y, al ser una relación, exige un fundamento: “Conviene que la relación que se comporta en el nombre de ‘signo’ se funde sobre algo”. Según el fundamento, los signos serán diferentes y encontrarán su división, primero en signo formal y signo instrumental, después este último en signo natural y convencional (algunos tomistas posteriores añadirán el consuetudinario). En el signo formal, el fundamento es la forma abstraída o imagen. En el instrumental, el fundamento será, si es natural, algún vínculo de causalidad, y, si es convencional, el convenio de los hombres. Por esa diversidad de fundamento, la noción de signo no es unívoca, sino análoga.
La esencia, pues, del signo es la relación a otra cosa; no se relaciona tan sólo de manera directa con el hombre, sino que también lo conduce indirecta y mediatamente a lo significado. Tiene una relación con el hombre, con sus facultades cognoscitivas, pero también con el objeto representado. Porque el signo representa, hace presente a otra cosa, remite a ella. Así, el Aquinate dice que:
signo es lo que ha sido instituido para significar otra cosa; en cambio, la cosa es [algo] que tiene una significación absoluta, no relativa a otra cosa. De donde no es inconveniente que sean lo mismo el signo y la cosa respecto de cosas diversas, como también un mismo hombre es padre e hijo.
¿Son signos las cosas? San Agustín lo sostiene en el De doctrina christiana. Para los medievales todo el universo es un signo, un símbolo del Creador. Esta idea, de que Dios escribió dos libros: el libro de las Sagradas Escrituras y el libro de la creación, a través de San Agustín y de Hugo de San Víctor, debe haber llegado a Santo Tomás.
𝙈𝘼𝙐𝙍𝙄𝘾𝙄𝙊 𝘽𝙀𝙐𝘾𝙃𝙊𝙏
𝘓𝘢 𝘴𝘦𝘮𝘪𝘰́𝘵𝘪𝘤𝘢
𝘛𝘦𝘰𝘳𝘪́𝘢𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘴𝘪𝘨𝘯𝘰 𝘺 𝘦𝘭 𝘭𝘦𝘯𝘨𝘶𝘢𝘫𝘦 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢
𝐼𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑔𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎𝑑𝑎 𝑐𝑜𝑛 𝐼𝐴

