I N C I E N S O
protoindoeuropeo kand / luminosidad
latín incensum / brillar
El incienso, no es sólo resina aromática, es la llama que canta y el humo que eleva intenciones.
El Incienso, es ese humo ritual que asciende como plegaria, manifestación, conexión o gratitud para hacer visible lo invisible. Aquí, las raíces etimológicas son arcanas, y está presente en textos antiguos, y tradiciones sapienciales sagradas alrededor del mundo, sin embargo, sabemos que el Incienso está presente en todos los ejes de la sociedad. Como ejemplo, traemos al Maestro Colombiano de Poesía Iniciática: Julio Florez, él escribió un verso dentro del poema “Tu no sabes amar”, dónde equipara el Incienso con grandes fuerzas, él escribió: ¡El amor es volcán, es rayo, es lumbre, y debe ser devorador, intenso; debe ser huracán, debe ser cumbre… debe alzarse hasta Dios como el Incienso! Sin duda, él supo cómo expresar la fuerza del Incienso.
De su etimología arcaica tenemos que la palabra incienso tiene su origen en el protoindoeuropeo kand, expresando luminosidad, fuego puro y divino. Llegando al latín incensum, que es participio de incendere que significa encender, prender fuego, derivado a su vez de candere o brillar, arder, estar blanco por el calor, raíz compartida con candela, candidato (quien vestía de blanco) e incandescente.
Veamos la procedencia de esta resina. La más antigua proviene de, Arabia Felix o la actual Yemen y Omán, conocida en la antigüedad como la tierra del olibanum libanotis, que es la cuna de la resina más sagrada: el frankincienso o Boswellia sacra. En Somalia y Etiopía, se cultivaban resinas destinadas exclusivamente a Templos egipcios y en India y Tíbet, el origen del dhoop, que es la mezcla de plantas y maderas sagradas como el sándalo, el agarwood o oudh, y la resina de sal. Ya en Mesoamérica, el copal, o mejor dicho la resina del Protium copal, sagrado para mayas, mexicas y zapotecas, esta se ofrecía a las energías de Tezcatlipoca, Tlaloc o a los cuatro puntos cardinales del universo. Luego entonces, el Incienso era, en esencia conforme a su uso, una ofrenda vegetal transmutada por el fuego en plegaria aromática.
En este sentido vegetal, la elaboración tradicional nos indica que el árbol es herido para sangrarlo, es decir y con tinte esotérico; el árbol del incienso se hiere ritualmente, y de la herida brota la savia que se endurece al sol.
Abordemos tres datos dispersos de cómo se recolecta, clasifica y mezcla el Incienso. Sin duda el dato de cómo se recolecta en Egipto e India, es fascinante porque se realiza en fases lunares específicas, para lo cual los Sacerdotes jamás tocaban el incienso sin purificación previa. De la clasificación era por grados, sí, los griegos y romanos distinguían por brillo, transparencia y olor, separando el incienso blanco que era para los dioses superiores del oscuro para los ctonios. Y de las mezclas, tenemos dos datos de interés, ambas eran sagradas; uno el ketoret hebreo como nos dicta el Éxodo en 30:34-38 donde se describe una mezcla secreta de 11 ingredientes que sólo el sumo sacerdote podía ofrecer, y dos el Kyphi egipcio, que era un compuesto de miel, vino, pasas, resinas y maderas aromáticas, preparado durante días con cánticos.
Con lo anterior, hoy sabemos que el Incienso nunca era una sustancia vulgar, era alquimia vegetal ofrecida al Espíritu. Luego entonces, a nivel Iniciático, y conforme a sus tradiciones, el uso del Incienso en este sentido varía, pero en todas, el toque es sagrado. Veamos a continuación como lo usaban las civilizaciones más importantes. En Egipto el Incienso era el sudor de los dioses, en los Templos de Karnak y Luxor, se quemaba al alba y al ocaso, y el Kyphi se usaba también como medicina del Alma en los ritos de sueño y muerte. Así como en India y el Tíbet, el dhoop y el aguru se ofrecían a Agni, el dios del fuego, y a los Devas, por ejemplo, en los Templos Shivaítas, el humo purifica el espacio como exhalación de la Conciencia. En tanto que en la tradición Hebrea, en el Santo de los Santos o Sanctum Sanctorum, el Sumo Sacerdote entraba una vez al año con el incienso para velar el rostro de Dios (Levítico 16). Está tradición nos dice que el humo que oculta es símbolo del velo de la Shejiná, la presencia divina. Y si pasamos al Cristianismo esotérico, el Incienso sube como la oración del justo (Apocalipsis 8:3-4), un ejemplo que todos podemos recordar es el de los Reyes Magos, que ofrecieron oro, incienso y mirra, como regalos de una riqueza real o digna de reyes, aunada a la plegaria sacerdotal y ungüento funerario. Por último, mencionamos a Mesoamérica, dónde el copal alimentaba a los dioses en sahumadores de barro con plumas y sangre, siendo en las Iniciaciones, que el humo formaba el camino hacia el Tlalocan o el Mictlán.
Con los datos anteriores, para los Iniciados que abren y cierran Logia, entienden ya perfectamente que la función esotérica del “humo” no es sólo aromatizar el ambiente. Es también el enlace de purificación, porque el humo limpia los campos sutiles y despeja los portales internos del Templo. Además de apoyar la Consagración del espacio, porque ninguna Cámara Masónica debe iniciar sus Trabajos sin incensar el espacio. En sí, el Incienso transforma lo profano en sagrado.
En cuanto al simbolismo del humo, éste no obedece a ninguna geometría; asciende en espiral, combinado con las corrientes de aire, o más metafóricamente danza en el aire. Ya que representa el espíritu liberado de la materia, es el Alma sutil que retorna a su Fuente, porque con el Fuego y el Aire unidos, el Incienso es alquimia elemental, o sea, la Tierra de dónde se obtiene la resina es transmutada por el Fuego o maljete sagrado, y para volverse Aire o el humo debe ascender al Éter la plegaria.
En las Escuelas de Misterio, se usa para abrir el ritual, sellar un pacto, proteger el umbral y evocar la Presencia, el egregor, ya queel Incienso adecuado en diferentes tradiciones se usa para invocar a determinados seres: resinas solares, resinas oscuras para ancestros, mirra para la sabiduría profunda. Así, las fórmulas se transmitían de Maestro a Iniciado, fórmulas selladas, que sólo se abren por resonancia.
Y así pues, pasemos al uso del incienso en Logia, iniciemos diciendo que no es decorativo, ni un superficial simbólico, es una acción operativa determinante, que modifica los planos energéticos, purifica el ambiente ritual y abre canales hacia lo invisible, esto porque es la enseñanza más antigua de elevar una plegaria materializada, así el Incienso convierte una intención espiritual en un acto sensible, en Trabajos vamos observando como el humo asciende lenta o rápidamente, convirtiéndose en símbolo de la voluntad que desea alzarse hacia planos superiores. De esto los Iniciados entendemos que antes de iniciar cualquier rito, la Logia es solo un espacio más, sin embargo, el Incienso transforma ese espacio en Templo, ya que hay una intensión de conectar con lo Superior, y es el humo del Incienso que delimita o marca la frontera entre lo que guarda y separa lo externo y lo interno, o sea, entre el mundo vulgar y el mundo sagrado. Por tanto, es una herramienta alquímica que trabaja los cuerpos sutiles del espacio, del Iniciado, y de la Logia. El humo del Incienso oculta lo profano para revelar lo esencial. Por eso, muchas ceremonias se realizan tras una neblina de humo ritual, es decir; no se debe mirar la verdad con ojos desnudos. Y el aroma, el movimiento del humo, el ritmo con que se ofrece, todo se enfoca en un estado de atención ritual. La mente ordinaria se desvanece.
Como uso ritual en Logia, antes del Ritual, el Incienso es el fiel compañero Silencio, el Maestro de Ceremonias por lo general es el hermano Incensador, el cual debe encenderlo con reverencia, en silencio, como un acto meditativo para proyectar, imprimir o elevar la consigna. Éste deberá elegir el Aroma de acuerdo con el trabajo a realizar, como ejemplo en Solsticios, queda bien olíbano puro, o en rito fúnebre, la mirra y el ciprés. Y especialmente en la Iniciación, la mezcla de resinas solares, como copal, sándalo y olíbano. Y la instrucción para proceder a la purificación es hacerse en círculo de humo alrededor del Ara, para luego pasar por los Cuatro Puntos Cardinales del Templo, me refiero a Oriente, Occidente, Sur y Norte. Y si el rito corresponde a Cámaras Altas, se hace en sentido horario Solar, y si es de introspección, en sentido antihorario Lunar.
Masónicanente, sabemos que no podemos abordar más el tema en este espacio, sin embargo, los libros ancestrales que seguramente se encuentran en la biblioteca de todo Iniciado, darán la Luz que corresponde al buscador en éste tema. Libros como el Zohar o Libro del Esplendor, Corpus Hermeticum, Libro de Enoc, Ritos del Antiguo Egipto y sobretodo el Ritual masónico escocés, Grado 18, Caballero Rosa Cruz.
Así Hermano, que el humo del Incienso ascienda recto como el Alma que regresa al seno del Altísimo.
Imágenes generadas con IA

