V E N E N O
PIE 𝘄𝗲𝗻𝗵 / 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑎𝑟, 𝑎𝑚𝑎𝑟, 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑟.
latín 𝘃𝗲𝗻𝗲̄𝗻𝘂𝗺 / 𝑝𝑜𝑐𝑖𝑜́𝑛, ℎ𝑒𝑐ℎ𝑖𝑧𝑜, 𝑎𝑓𝑟𝑜𝑑𝑖𝑠𝑖𝑎𝑐𝑜 𝑜 𝑚𝑒𝑑𝑖𝑐𝑖𝑛𝑎.
Todo Maestro conoce el principio de Paracelso; Dosis sola facit venenum o Solo la dosis hace al veneno.
Esta máxima nos da la apertura para entender lo que revela un principio masónico esencial, y es que no hay error absoluto, ni verdad absoluta: solo polaridades no comprendidas. En este sentido, el veneno se convierte en medicina, así como el Trabajo Masónico es a los grados. Luego entonces, en la antigüedad, el veneno era indistinguible de la medicina.

Entonces Veneno proviene del latín venēnum, y en su origen no tenía una connotación negativa, ya que deriva de Venus, haciendo referencia a su encanto, al deseo, al amor romántico, y se usaba para designar una poción, una sustancia ofrecida a Venus o a los dioses. En sí, veneno era, en su origen, una poción sagrada o erótica, que podía curar, excitar carnalmente o matar. Y su evolución semántica se da cuando el Imperio Romano comienza a temer a los envenenamientos políticos. De ahí la transición del filtro de amor al filtro de muerte.
Vayamos directo al punto alquímico, aquí el veneno representa algunas puertas ocultas, ya que es el Veneno del plomo, del azufre negro, de la serpiente y el ego inferior, por mencionar algunos. El anterior trabajo consiste en estudiar al Maestro Saturno como símbolo de la melancolía y la putrefacción necesaria, para entender la combustión interna, ese Solve necesario antes del Coagula. Así, el Veneno de la Serpiente se convierte en el vehículo del Logos como transmisor del Conocimiento Superior para por fin dejar atrás el ego inferior, o sea, transmutar la profanidad en oro interno.

Por tanto, el veneno es ese “viento” que transporta, transforma, transgrede. Es el disolvente universal, el mercurio oculto que puede volver incorruptible lo corruptible. En toda tradición Mistérica, el veneno se presenta como prueba, y la puerta de esta tradición solo se abre si se comprende el Misterio de la Muerte.
Concluyendo, y desde esta arista, Masónicamente el veneno puede interpretarse por algunos como la Ignorancia que detiene la construcción del Templo Interno. Sin embargo, el Maestro Masón, está consciente que debe beber simbólicamente el veneno, como enseñó el Maestro Sócrates con la cicuta, demostrando que la Muerte no es el fin, sino solo es transitoria.

Pero antes de irnos, profundicemos en algunas culturas. En Grecia, la Pitia o Pitonisa de Delfos, inhalaba vapores venenosos con el objetivo de lograr un cierto grado de intoxicación como canal místico. En India, en el Samudra Manthan o Batido del Océano Cósmico, emerge el veneno Halahala, que el dios Shiva bebe para salvar al mundo, almacenando en su garganta o su Neelakantha, que significa: garganta azul, y un dato destacable es que el veneno es la carga kármica del cosmos y el Maestro es quien la absorbe sin ser destruido. En este sentido, el que da la Mónita es el Maestro Jesús, en tiempos del Cristianismo primitivo, dónde advierte que vino nuevo en odres viejos, es una enseñanza peligrosa en recipientes no preparados, es decir: Para nosotros, los Iniciados el Logos es veneno si no estamos preparados para escucharlo.

Ahora bien, pasemos al simbolismo de La Serpiente y el Veneno, que es también el Signo del Maestro Invertido. O sea, la Serpiente es símbolo del veneno que cura, el veneno de su mordida se vuelve antídoto de sí misma o lo que el estudiante serio ya entiende: Therion-Pharmakon. Puntualizamos que, en la Masonería, la serpiente se asocia al conocimiento peligroso, ya que se entrega solo a los que han purificado el corazón. Y no menos importante, en relación con la serpiente, es el Báculo de Asclepio, simbolizado con una serpiente enroscada, y que representa al médico Iniciado en los Misterios, sí, el que conoce el uso bifronte del veneno. Así, el veneno de la serpiente era considerado portador de sabiduría, ya para los gnósticos y esenios, la serpiente que da el conocimiento a Eva es símbolo de un veneno que despierta, es decir, simbólicamente el veneno nos despierta ante lo que el dogma intenta adormecer.
Para los Masones, en el argot que acostumbramos para comunicarnos, sabemos que veneno y venia tienen la misma raíz, porque ambas derivan de venia, que significa favor divino, gracia o permiso, o sea que en algún momento el veneno era algo que solo podía ser dado con permiso divino. Lo que, por supuesto no es nuevo, ya en ritos órficos y dionisíacos, el veneno era usado para abrir puertas entre mundos. Y era a través del phármakon el cual era consumido por los sacerdotes para inducir estados de trance, de una muerte aparente y sobre todo buscando revelaciones. Además, y aprovechando para recordar que no es exclusivo de occidente, en la India védica, el veneno es símbolo de purificación extrema, sí, sus costumbres cuentan que su dios Shiva bebió el veneno del océano cósmico o halāhala para salvar al mundo, y eso fue lo que provocó que quedara con el cuello azul, o Nilakantha, que significa precisamente: garganta azul.

Y en el mismo sentido, pero con un punto y aparte, para los alquimistas el veneno era el guardián del Oro Filosofal, porque siendo el veneno disolvente de lo impuro, debían asegurarse de que antes de convertir el plomo en oro, se debe morir simbólicamente. Por ejemplo, en Egipto, el veneno era parte de fórmulas mágicas, esto se sabe a través de los textos del Papiro Ebers que contienen recetas venenosas utilizadas ritualmente, no solo para matar, sino para proteger Templos y sellar juramentos. Además, otro ejemplo en exceso interesante es que, en los Misterios Eleusinos, el kykeon podía ser no sólo un veneno simbólico, ya que era el brebaje sagrado de Deméter el cual era llamado kykeon, y que al ingerirlo el objetivo era mezclar sus ingredientes que inducían a un tipo de muerte ritual.
Hoy nos retiramos con esta máxima: La mezcla de dos líquidos entre Cálices es la transmutación del veneno en medicina, dónde la templanza del Alma crea el antídoto. Así, muchos Iniciados morían envenenados por revelar los Misterios, porque no comprendieron que la Palabra también puede envenenar o sanar. Es decir, el veneno interno como culpas, miedos o errores serán cocidos en el Athanor del Alma hasta volverse medicina. La Gran Obra no comienza sin beber el veneno.

Así, el veneno simbólico está en la lengua del profano y del profano con mandil, porque la murmuración, la calumnia, la adulación, son consideradas formas de envenenamiento espiritual.
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