• 𝗘𝗹 𝗩𝗲𝗿𝗯𝗼 𝗜𝗻𝗶𝗰𝗶𝗮́𝘁𝗶𝗰𝗼 •
𝗟𝗮 𝘀𝗲𝗻𝗰𝗶𝗹𝗹𝗲𝘇 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗹𝗲𝗷𝗶𝗱𝗮𝗱
El mundo que nos rodea parece ser un lugar complicado. Aunque hay algunas verdades sencillas que parecen eternas (las manzanas caen siempre hacia el suelo y no hacia el cielo; el Sol se levanta por el este, nunca por el oeste), nuestras vidas, a pesar de las modernas tecnologías, están todavía, con demasiada frecuencia, a merced de complicados procesos que producen cambios drásticos y repentinos. La predicción del tiempo atmosférico tiene todavía más de arte que de ciencia; los terremotos y las erupciones volcánicas se producen de manera impredecible y aparentemente aleatoria; las fluctuaciones de la bolsa siguen ocasionando prosperidad y bancarrota sin una pauta obvia. Desde la época de Galileo (en números redondos, a comienzos del siglo XVII) la ciencia ha hecho progresos —enormes—, ignorando en gran medida estas complejidades y centrándose en cuestiones sencillas, intentando explicar por qué las manzanas caen al suelo y por qué el Sol se levanta por el este. Los avances fueron de hecho tan espectaculares que hacia mediados del siglo XX ya se había dado respuesta a todas las cuestiones sencillas. Conceptos tales como la teoría general de la relatividad y la mecánica cuántica explicaron el funcionamiento global del universo a escalas muy grandes y muy pequeñas respectivamente, mientras el descubrimiento de la estructura del ADN y el modo en que éste se copia de una generación a otra hizo que la propia vida, así como la evolución, parecieran sencillas a nivel molecular. Sin embargo, persistió la complejidad del mundo a nivel humano —al nivel de la vida—. La cuestión más interesante de todas, la que planteaba cómo la vida pudo haber surgido a partir de la materia inerte, siguió sin respuesta.
No es de extrañar que sea precisamente a escala humana donde se den las características más complejas del universo, las que se resisten más a rendirse ante los métodos tradicionales de la investigación científica. Realmente, es posible que seamos lo más complejo que hay en el universo. La razón es que, a escalas más reducidas, entidades tales como los átomos se comportan individualmente de un modo relativamente sencillo en sus interacciones mutuas, y que las cosas complicadas e interesantes surgen cuando se unen muchos átomos de maneras complicadas e interesantes, para formar organismos tales como los seres humanos.
𝙅𝙤𝙝𝙣 𝙂𝙧𝙞𝙗𝙗𝙞𝙣
𝘈𝘴𝘪́ 𝘥𝘦 𝘚𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦
𝘌𝘭 𝘤𝘢𝘰𝘴, 𝘭𝘢 𝘤𝘰𝘮𝘱𝘭𝘦𝘫𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘺 𝘭𝘢 𝘢𝘱𝘢𝘳𝘪𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘷𝘪𝘥𝘢
𝐼𝑚𝑎𝑔𝑒𝑛 𝑔𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎𝑑𝑎 𝑐𝑜𝑛 𝐼𝐴

