C E R O
Indoeuropeo ne / no, negación.
sánscrito śūnya / vacío, ausencia, nada.
árabes ṣifr.
latín zephirum.
Escribir sobre cero, es meterse en camisa de once varas, y aun así vamos a ello. Ya destacadas las etimologías encontramos las visiones de las grandes civilizaciones, lo que para unos es Vaciedad para otros es Nada, o Vacío o etc., además es realmente complejo entender las posturas matemática, metafísica, filosófica por mencionar algunas. Reparemos en las escuelas neoplatónicas, que simbolizaba al punto anterior a la manifestación, tomemos esto como punto de partida. El origen sagrado del Número Cero y su relación con el Templo Interior, es lo que hoy nos atañe.
Puntualizando, la palabra cero proviene del sánscrito śūnya, que significa vacío, ausencia, nada, pero no cualquier nada, sino la nada sagrada, un vacío fértil del cual surge. Posteriormente el concepto de cero lo toman los árabes como ṣifr, y de ahí al latín como zephirum, y de ahí hasta las escuelas neoplatónicas dónde simbolizaba al punto anterior a la manifestación.
Desde el punto de vista esotérico a nivel masónico, el cero no representa ausencia, sino origen. Aquí lo podemos referir como ese óvalo primordial, es el estado del Iniciado antes de ser trabajado por el Compás y la Escuadra. El cero entonces para nosotros es el portal del Templo Interno, ese punto donde no hay ego, y existe la totalidad latente.
Los masones entendemos que no se comienza por el Uno, sino con el Cero. Porque aprendemos a atravesar el vacío, para encontrar la Luz.
Recordemos el vasto tema de la Vesica Piscis entre columnas que representa el cero, sí, pero con una profundidad que trasciende la aritmética. Ese Intervalo medio entre columnas, que es cuando se forma la Vesica Piscis, no representa el cero matemático como cifra, sino el principio del vacío generador, el punto sin extensión, los omphalos, útero cósmico, o incluso Logos no pronunciado.
Con lo anterior, las Columnas representan los polos: el positivo y el negativo, el activo y el pasivo, el Sol y la Luna, Jakin y Boaz; o sea la dualidad. El espacio entre ellas, donde se forma la Vesica, es el lugar de tensión equilibrada, el cero iniciático, es decir: Ni lo uno, ni lo otro, pero conteniendo ambos.
Esta puerta por donde el Iniciado debe pasar, igual que el cero es el umbral numérico entre lo positivo y lo negativo. Además, la Vesica Piscis es la primera forma que emerge al cruzar dos círculos del mismo radio, poéticamente uno representa el cielo, otro la tierra. Su intersección forma el canal por donde se manifiesta la Creación.
En ese sentido, el intervalo medio es el cero fecundo, o sea ese intervalo medio es análogo al cero iniciático. No es ausencia como tal, sino es presencia en “potencia” en estado de pureza. Regresemos un poco a la parte matemática, así como el cero permite contar, la Vesica permite manifestar. Y ambos son el útero del Logos.
Un punto clave es entender que el cero en su origen más antiguo es Śūnya o Vacío Sagrado. Sí, la cultura que por primera vez concibió el cero como un concepto numérico fue la civilización India, pero registros simbólicos hay más, mucho más antiguos, la inscripción más antigua conocida del cero como cifra numérica posicional aparece en un manuscrito en sánscrito llamado Bakhshali, hallado en Pakistán. Allí, el cero se representa con un punto pequeño, llamado śūnya-bindu o el punto del vacío.
Y no significaba nada inútil, más bien es la concepción de la matriz cósmica o no-manifestado que da lugar a lo manifestado. En términos filosóficos, fue la escuela hindú del pensamiento brahmánico y budista la que dio al cero una profundidad metafísica. El śūnya no era sólo una herramienta matemática, sino una realidad espiritual, su visión de lo anterior se refería a aquello que está vacío de ego y está lleno del Ser eterno.
Otra civilización que lo estudia es la Maya, descubren y utilizan un símbolo para el cero, posiblemente de forma independiente, su sistema vigesimal incluía un signo especial: una concha para el cero, usado en sus calendarios con exactitud astronómica sorprendente.
Ambas culturas lo vieron como un principio de Orden Cósmico. Entendido lo anterior, reflexionemos en ¿qué es el cero más puro? desde una visión matemática, el cero es el único número entero que no es positivo ni negativo, también es idempotente, o sea al ser multiplicado por sí mismo, no se transforma, sigue siendo él mismo. Además, es el elemento neutro de la suma, cualquier número más cero permanece inmutable.
Y mucho más allá de las matemáticas, las grandes cosmovisiones comprendieron que el cero es el origen sin origen
En el terreno filosófico, el cero es la no-existencia que hace posible la existencia. y metafísicamente el cero corresponde al Uno antes del Uno, o al Noúmeno inmanifestado.
Así, poco a poco vamos comprendiendo místicas más profundas como en la Cábala, dónde el cero es equivalente a Ain, el No-Ser antes del Ain Soph, o en la lógica parmenídea, dónde el cero no puede ser pensado, y sin embargo es necesario para pensar.
Por último, hagamos la referencia de El Loco del Tarot y el Cero, el Loco como Arcano 0, es el único que no tiene número fijo, y eso lo conecta al cero verdadero, porque no tiene pasado, ni futuro, es sólo instante. Es el que camina al borde del abismo, con la inocencia del que aún no ha sido atrapado por las formas, aquí el cero no es parte de la secuencia, es el plano desde el cual surge toda la secuencia. En el Tarot iniciático, El Loco no empieza el viaje, porque él es el viaje antes de empezar. Y descrito con más profundidad, dónde la metanoia es el giro del Alma, el Loco es el símbolo de ese momento cuando el Alma se suelta del mundo conocido. Es decir; el Loco vuelve al cero para recomenzar desde el vacío. Así el Loco no es un tonto, es el viajero eterno, el avatar del No-Ser, el que se ha vaciado tanto que se ha vuelto canal del Todo. Así los Iniciados, porque siempre regresamos al cero, podemos empezar el Camino de nuevo, sin lastre, sin máscaras, sin identidad falsa.
Ese es el instante exacto donde el Loco y el Candidato se funden en uno solo:
el que, vendado por fuera pero abierto por dentro, pisa el cero con pie frío y al hacerlo, recrea el mundo entero en su Alma.
Al llegar a la compresión del cero, si de verdad se comprende, cambiará para siempre la manera de ver al mundo, al Alma, al tiempo y a Dios.
Imágenes generadas con IA

